Llegué a San Quirce de Cólera de modo voluntario y casi en línea recta. Me sorprendí mucho ya que nunca consigo llevar a cabo lo que propone mi voluntad.
De todos modos, enseguida me repuse. Antes de que volviera a entrometerse el moscón molesto de la voluntad, me puse a buscar setas. Claro, que no las había, como dirían los de por allí.
Se trataba de un terreno inhóspito a más no poder. Al fondo, los Pirineos casi nevados (era verano). Corría un viento tal que te desasosegaba todo. Soplaba como en metralleta. Así era imposible que creciera nada.
Había un monasterio. Nada más.
El camino, que antes he descrito recto, era un pedregal en cuesta. Y de recto, nada. De vez en cuando ponía “San Quirze” en un cartelón de madera. ¿De dónde habrían sacado la madera? Y para allá iba yo. Aproximadamente.
Arriba, ya digo, un frío espeluznante. Al llegar había dos parejas de turistas que se fueron escopetadas tras inmortalizarse con fondo de monasterio. Foto, foto, foto, adiós. Impresionante monasterio.
Me puse a buscar setas.
Lo principal era tener el arrojo y la espontaneidad suficientes como para no hacer caso de la voluntad que tenías de marcharte de allí. ¿Por qué? Porque en aquella época (han pasado dos semanas) yo consideraba que mi trabajo fundamental era no dejarme llevar por la voluntad.
Voluntad en el sentido de “lo que quieres”, “lo que te apetece”, “lo que te da la gana”, y no lo que te ordena algún ámbito ajeno. O sí. Se supone que quería dar un golpe de estado interior. La pregunta es… ¿lo conseguí?
Pues a veces no y a veces sí.
Quizá detrás de aquella piedra pueda encontrar una seta, me dije, como está en una zona más resguardada del viento… ¿Qué hice? Me tumbé junto a la piedra. Necesitaba comprobar in situ las condiciones de crecimiento.
Ninguna intervención de la voluntad. ¡Bien! Mantente así.
De hecho lo importante es sorprenderse a sí mismo.
Todo el rato.
¿Te imaginas? Acabas cansadísimo. Aquel pájaro. Lo miras. Te tira un huevo. Lo coges al aire. Mueres de gusto coloidal. Ni te digo lo poco que te importa entonces el tema de la voluntad. La voluntad en San Quirce. Menudo tema. Provincia de Gerona.
De todos modos, enseguida me repuse. Antes de que volviera a entrometerse el moscón molesto de la voluntad, me puse a buscar setas. Claro, que no las había, como dirían los de por allí.
Se trataba de un terreno inhóspito a más no poder. Al fondo, los Pirineos casi nevados (era verano). Corría un viento tal que te desasosegaba todo. Soplaba como en metralleta. Así era imposible que creciera nada.
Había un monasterio. Nada más.
El camino, que antes he descrito recto, era un pedregal en cuesta. Y de recto, nada. De vez en cuando ponía “San Quirze” en un cartelón de madera. ¿De dónde habrían sacado la madera? Y para allá iba yo. Aproximadamente.
Arriba, ya digo, un frío espeluznante. Al llegar había dos parejas de turistas que se fueron escopetadas tras inmortalizarse con fondo de monasterio. Foto, foto, foto, adiós. Impresionante monasterio.
Me puse a buscar setas.
Lo principal era tener el arrojo y la espontaneidad suficientes como para no hacer caso de la voluntad que tenías de marcharte de allí. ¿Por qué? Porque en aquella época (han pasado dos semanas) yo consideraba que mi trabajo fundamental era no dejarme llevar por la voluntad.
Voluntad en el sentido de “lo que quieres”, “lo que te apetece”, “lo que te da la gana”, y no lo que te ordena algún ámbito ajeno. O sí. Se supone que quería dar un golpe de estado interior. La pregunta es… ¿lo conseguí?
Pues a veces no y a veces sí.
Quizá detrás de aquella piedra pueda encontrar una seta, me dije, como está en una zona más resguardada del viento… ¿Qué hice? Me tumbé junto a la piedra. Necesitaba comprobar in situ las condiciones de crecimiento.
Ninguna intervención de la voluntad. ¡Bien! Mantente así.
De hecho lo importante es sorprenderse a sí mismo.
Todo el rato.
¿Te imaginas? Acabas cansadísimo. Aquel pájaro. Lo miras. Te tira un huevo. Lo coges al aire. Mueres de gusto coloidal. Ni te digo lo poco que te importa entonces el tema de la voluntad. La voluntad en San Quirce. Menudo tema. Provincia de Gerona.