Escríbelo en tu cabeza, coño

Hay historias que no se pueden escribir. Cosas que se te ocurren, ideas que mezclas con recuerdos, los mismos recuerdos, fantasías... No las puedes escribir, y punto. Y, como no las puedes escribir, las diseñas dentro de tu cabeza. Pan, pan, primero pongo esto, plis, plas, y luego lo otro, chin, chan, y después lo que me da la gana, o lo que tontamente me surge a chorros. Siempre contándolo todo, por supuesto, sin remilgos, porque estoy dentro de mi cabeza y ahí no hay peligro... Lo difícil será recordarlo después, pero… creo yo que para un cuento sí que te puede dar la memoria actual. Porque no lo puedes escribir en papel, ¿recuerdas? Vaya memoria que tienes. Es igual. No importa. Sigue, sigue. Recuerda.

Un momento. Más despacio. Pero… ¿por qué tanto lío? ¿Por qué no puedes escribir? ¿Por qué no escribes el maldito cuento?

Porque te da vergüenza que los demás sepan cómo eres de verdad. Porque te da miedo que te odien los que antes te querían. No puedes escribir el cuento. Jamás. Sólo en tu propia cabeza. Así es. Empieza ya.

Me enamoré de la hija de mi mejor amigo. ¡Vergüenza rijosa! Enloquecí…

¡Calla! ¡He dicho que en tu cabeza!

Aquí, en el papel binario, es hora de acabar. Fin.