Confesiones a la manera francesa

Pocas veces me sorprendo atendiendo a los propósitos sociales de aquellos que aseguran contentarse con poco, menos, o nada. Suele tratarse de personas parcas, escuetas, de noble talante y expresión tan sincera como ponderada. Aducen ellos, entre solemnes levantamientos de cejas y breves tragos a bebidas poco espirituosas, que la actitud más correcta es la de la prudencia, que la respuesta más noble se encuentra en el silencio, y que la religión más perfecta propugna el camino de en medio.

Corona Taustis levantae, undiani melior ut coriolis

[En la procesión de Tauste los primeros van delante, los últimos detrás, y los del medio en mitad. Archivos del poeta Glauco, tonto de nacimiento; tercer cajón, al fondo]

Cierto es que los místicos que en el mundo han sido mostraron con sus ejemplos los variados caminos procesionales por los que han de transitar aquellos espíritus puros que, afanosos de perfección, busquen alcanzar la humana gloria. Aunque si reparamos en sus variadas y nítidas trayectorias, difícil será el deducir algún tipo de fórmula aprovechable o explicación definitiva.

En efecto, Carlomagno, príncipe europeo, surcó el camino del ajedrez y el descabezamiento. Santa Teresa, santa, el de la pasión seca. Regoldo, actor eólico, el de las drogas y la naturaleza. Buda, gordo, el del río perdido. Simeón, pastor desértico, el del equilibrio. Rojo, jugador de fútbol, el del gambeteo. Chola, noble y meretriz, el de la ignota locura. Paripés, mentor, el de la falsa apariencia. Róculo, planta, el de la ignorante sabiduría. Aristóteles, joven griego, el de la risa fácil y el desconcierto. Y así tantos y tantos pretendientes, sobresalientes todos, trazando con sus tizas y en sus siglos respectivos múltiples vías divergentes hacia el tan deseado horizonte vertical.

No es de extrañar, por tanto, que a la hora de ponerse de acuerdo, hoy en hora, pocos prohombres coincidan.

Aladur mina destoica res cui sum delenda volet

[Cuando surge la pasion, avéntanse los estoicos. Propósitos de Sisebuto, IV-3ª]

Y tal es que la reiterada mención a la retención de propensiones e inquietudes no hace sino subrayar la inanidad de la propuesta. Boca boca toris cala. Dicen que así gesticulaba el mudo Glosas: si no tienes nada sabroso que decir, lo mejor es piarla. Mas no por ello se ha de concluir que la verdad se halle en la sosera más acendrada. Ni mucho menos en la tan de consuno afamada verborrea. De donde tampoco ha de deducirse la bondad del punto centro, a pesar de los intentos de una razón sobrevalorada.

Dona insignis, lux errata, minga lunga et propostior

[Atributos bien dispuestos indisponen al más calmo. Salmos de José, libro II, capítulo III, versículo IV, coda]

Encuentro que la templanza es buena para los febles. Debilitas mutandiola. Debilidad crea vicio, me cito a mí mismo. Y los peores vicios siempre se arraciman. Porque noto en mis derredores amplias manadas de lobos vestidos con pieles lachas que, ocultando entre sus fauces los alientos profidentes de sus bocas encharcadas, esperan con pausa ciega algún atisbo de vida por darle la dentellada. Así de claro. Aquí tenéis mi collar, mi cuello, mi nuca calva. Y ya que cuerdo no soy, que me ofrezco bien mansito cada día en estas playas, me explicaré a contrapelo.

He perdido multiplexas amistades por culpa de mi entusiasmo. Demasiadas veces crucé aquella línea invisible tras la cual nos ocultamos, levantando cada uno su muy crasa fortaleza. Dicen que todos tenemos un espacio muy privado, inconmensurable o tridimensional, dentro del cual la ajena presencia nos hace terrible daño.

Prior mius, ultra fora

[Ni te acerques malandrín. Dicen que dijo el Lémur Mayor a Romualdo Suqueiro, alias el besucón. Extracto perdido de la Biblia parda. Citado por Dioscórides de Samos, en su Sutil Alegato Contra Ellos; segunda foja].

Tengo un defecto primordial, la desmesura. Mi ser se caracteriza por la falta de freno. No comprendo a los hombres sanos (o sabios). No logro simpatizar, pongo ejemplo, con aquellos que afirman, cargados de razón, que el placer del alcohol se encuentra y agota con los primeros tragos. Todo mi interior, siempre noble y verdadero por definición, al recibir un gustoso cualesquiera, se retuerce apresurado en busca de más, siempre más. Me llaman ansioso. Siempre más. Me llaman borracho.

¿Quienes? Ellos. Aquellos otros mortales que, en vía de franca y lamentable proliferación, predican con rabia contradictoria la contención de instintos y emociones, la templanza, el impulso ascético.

Nullo senior procet via undiaque sum recipientis

[La locura premia a los audaces. Simeón el estilita, mentado por Cayo Longo en su Tratado de Maladías Gloriosas]

Transito por la vida de aquesta manera, cual suma de despropósitos. Me ha ido mal, lo reconozco, no es plato del gusto actual aguantar a los babosos. ¿Comprensible? Sí. ¿Rechazable? Seguro. ¡Qué pesado puedo ser! ¿Me arrepiento? ¡Claro! ¡Por qué no! ¿Lo seguiré haciendo? Seguramente. ¿El qué? Dar la murga con mis ansias al prohombre equilibrado. Como un tonto. Como un ciego. Como un parvo. Como yo. Me lanzo.

Ejemplo de mi mal trato. ¿Hablaste bien de mí a tus amigos? Te quiero. ¿Dices que tú no me amas? No importa, ya lo hago yo. ¿Me sigues sin queriendo? No es necesario, por ello no te odio menos, todo depende del humo ingurgitado en desayuno. Vivo en un alto horno. Me excito sólo y de cualquier manera. ¿Debo pedir perdón? ¿Debo justificarme? ¿Debo cambiar? ¿A dónde acudir raudo? ¿Otro prócer desdeñoso? ¿Otra hembra altiva? Allá voy.

¿Qué es todo esto? ¿A qué viene? Ay, ay, me temo que otra explosión. Sin sentido. Como yo.

Insecuritas amorandas, drink propóleo

[Anónimo sin traducción]