Me encuentro solo, paseando por un cementerio. Miro a mi alrededor y observo que están todos muertos. Soy feliz. De repente se llena todo de gente: ha llegado un entierro. Casi ninguna alharaca. Sólo hay un muerto y muchos vivos vestidos de negro. Me marcho, porque no es plan. Demasiado morboso.
Salgo del recinto y me pongo a pasear por el exterior de la verja. Casi no pasan coches. Cojo un palito y voy tocando los barrotes de hierro. Se me ocurre la idea de tomarme una hamburguesa. No es hambre propiamente.
Encuentro una hamburguesería en la calle siguiente, entro, me siento y no pido nada. La mesa está sucia, llena de restos. Decido pasarme un rato sin consumir. El sitio es muy agradable. Los jóvenes, sudorosos. Las jóvenes, sudorosas.
Se me acerca un hombre vestido con un extraño traje granado. Quiero decir que estaba todo lleno de granos.
- ¡Hola, señor! ¿Se encuentra usted a gusto?
- Sí, sí, enseguida consumo… Es que estaba…
- ¿Conoce usted las ventajas de una alimentación sana?
- Por supuesto. Buena carne, tomate de calidad, cebolla de la huerta, pan recién sacado del horno, levadura fermentada… ¡Qué quiere que le diga!
- Muy bien, muy bien, ¿pero no echa en falta algo?
- ¿Eh? ¡Ah! ¡Sí! La ensalada, por supuesto, vitaminas garantizadas
- Algo más…
- ¿El postre?
- Repase usted su menú ideal, por favor
- Hamburguesa con cebolla y tomate, ensalada, patatas fritas. ¡Ah! ¡Patatas fritas! ¡Eso era!
- Exactamente
- ¡Patatas!
- ¿Me reconoce usted ahora?
- ¿No será usted…?
- Sí, atrévase a decirlo
- ¡No será usted el hombre patata!
La historia del hombre patata es de sobra conocida. Se trata de un spot publicitario de la agencia Dunkin donde un hombre personifica a la patata. El típico recurso anti-antropomórfico. Tuvo mucho éxito bajo diversas formatos: por la radio, en dibujos, películas, canciones, figuras en el aire, latas de desayuno, calcomanías en piscinas y canchas de basket, ropa interior… En fin, una cosa llevó a la otra hasta que decidieron soltar por la calle a personas de verdad vestidas de hombre patata.
- Súbeme la cremallera por detrás
- ¿Qué tal ves?
- ¡Súbeme la cremallera!
- No te preocupes, que no se te ve el culo
La aceptación popular fue enorme. Dunkin ideó entonces una estrategia verdaderamente extraordinaria. Hizo desaparecer, poco a poco, a los hombres patata, de tal manera que fueron quedando cada vez menos, tan sólo unos pocos. Actualmente se dice que hay unos cinco en todo el país. Pues bien, si encuentras un hombre patata, le identificas como verdadero y recibes la certificación de Dunkin, ¡el premio gordo! Puedes pedir todo lo que desees.
La gente se pregunta qué querrá decir eso de “todo lo que desees”. Se hicieron muchas cábalas. Alguno hasta se atrevió a decir que conocía a un afortunado. Lo que pasa es que vivía en su propia isla, con sus helicópteros y chicas… En fin, que existía un verdadero fervor popular alrededor de los misteriosos hombres en cuestión. El típico mito urbano. Libros se escribieron, por supuesto, y programas de tele también se hicieron. Es superfamoso. Pero yo me veo obligado a explicarlo por si esto se tradujera a otro idioma.
La cuestión es que me he encontrado con el hombre patata. Y además he respondido correctamente a la pregunta. Creo. Ahora viene lo bueno.
- ¿Qué es lo que quiere usted?
- Eeehhh… ¿Cuánto tiempo puedo pensarlo?
- ¡Ja, ja, ja!
- Pues mire, creo que será mejor ir sobre seguro. Más vale bueno conocido…
- Usted dirá
- Quiero volver a la época de mi vida en la que he sido más feliz
- ¡Ja, ja, ja!
Por un momento se te ocurre: ¿me estarán tomando el pelo? Demasiada suerte. Esto bien pudiera ser un engaño. O tú bien pudieras ser tonto, con tanto hombre patata, hombre patata, que no existe más que en la calenturienta imaginación popular. Y este tío seguro que es una especie de machaca del burguer. O simplemente un camarero original…
Me resulta muy doloroso quedarme a comprobar mi fracaso, o sea que me voy del sitio. Salgo a la calle y enseguida me encuentro otra vez junto a las verjas del cementerio. Entro y me pongo a pasear entre las tumbas. Ya no están los del funeral.
Me pongo a reflexionar acerca de la época de mi vida en la que he sido más feliz. ¿Será ésta? ¿Será ahora? ¿Será verdad lo del hombre patata?
Salgo del recinto y me pongo a pasear por el exterior de la verja. Casi no pasan coches. Cojo un palito y voy tocando los barrotes de hierro. Se me ocurre la idea de tomarme una hamburguesa. No es hambre propiamente.
Encuentro una hamburguesería en la calle siguiente, entro, me siento y no pido nada. La mesa está sucia, llena de restos. Decido pasarme un rato sin consumir. El sitio es muy agradable. Los jóvenes, sudorosos. Las jóvenes, sudorosas.
Se me acerca un hombre vestido con un extraño traje granado. Quiero decir que estaba todo lleno de granos.
- ¡Hola, señor! ¿Se encuentra usted a gusto?
- Sí, sí, enseguida consumo… Es que estaba…
- ¿Conoce usted las ventajas de una alimentación sana?
- Por supuesto. Buena carne, tomate de calidad, cebolla de la huerta, pan recién sacado del horno, levadura fermentada… ¡Qué quiere que le diga!
- Muy bien, muy bien, ¿pero no echa en falta algo?
- ¿Eh? ¡Ah! ¡Sí! La ensalada, por supuesto, vitaminas garantizadas
- Algo más…
- ¿El postre?
- Repase usted su menú ideal, por favor
- Hamburguesa con cebolla y tomate, ensalada, patatas fritas. ¡Ah! ¡Patatas fritas! ¡Eso era!
- Exactamente
- ¡Patatas!
- ¿Me reconoce usted ahora?
- ¿No será usted…?
- Sí, atrévase a decirlo
- ¡No será usted el hombre patata!
La historia del hombre patata es de sobra conocida. Se trata de un spot publicitario de la agencia Dunkin donde un hombre personifica a la patata. El típico recurso anti-antropomórfico. Tuvo mucho éxito bajo diversas formatos: por la radio, en dibujos, películas, canciones, figuras en el aire, latas de desayuno, calcomanías en piscinas y canchas de basket, ropa interior… En fin, una cosa llevó a la otra hasta que decidieron soltar por la calle a personas de verdad vestidas de hombre patata.
- Súbeme la cremallera por detrás
- ¿Qué tal ves?
- ¡Súbeme la cremallera!
- No te preocupes, que no se te ve el culo
La aceptación popular fue enorme. Dunkin ideó entonces una estrategia verdaderamente extraordinaria. Hizo desaparecer, poco a poco, a los hombres patata, de tal manera que fueron quedando cada vez menos, tan sólo unos pocos. Actualmente se dice que hay unos cinco en todo el país. Pues bien, si encuentras un hombre patata, le identificas como verdadero y recibes la certificación de Dunkin, ¡el premio gordo! Puedes pedir todo lo que desees.
La gente se pregunta qué querrá decir eso de “todo lo que desees”. Se hicieron muchas cábalas. Alguno hasta se atrevió a decir que conocía a un afortunado. Lo que pasa es que vivía en su propia isla, con sus helicópteros y chicas… En fin, que existía un verdadero fervor popular alrededor de los misteriosos hombres en cuestión. El típico mito urbano. Libros se escribieron, por supuesto, y programas de tele también se hicieron. Es superfamoso. Pero yo me veo obligado a explicarlo por si esto se tradujera a otro idioma.
La cuestión es que me he encontrado con el hombre patata. Y además he respondido correctamente a la pregunta. Creo. Ahora viene lo bueno.
- ¿Qué es lo que quiere usted?
- Eeehhh… ¿Cuánto tiempo puedo pensarlo?
- ¡Ja, ja, ja!
- Pues mire, creo que será mejor ir sobre seguro. Más vale bueno conocido…
- Usted dirá
- Quiero volver a la época de mi vida en la que he sido más feliz
- ¡Ja, ja, ja!
Por un momento se te ocurre: ¿me estarán tomando el pelo? Demasiada suerte. Esto bien pudiera ser un engaño. O tú bien pudieras ser tonto, con tanto hombre patata, hombre patata, que no existe más que en la calenturienta imaginación popular. Y este tío seguro que es una especie de machaca del burguer. O simplemente un camarero original…
Me resulta muy doloroso quedarme a comprobar mi fracaso, o sea que me voy del sitio. Salgo a la calle y enseguida me encuentro otra vez junto a las verjas del cementerio. Entro y me pongo a pasear entre las tumbas. Ya no están los del funeral.
Me pongo a reflexionar acerca de la época de mi vida en la que he sido más feliz. ¿Será ésta? ¿Será ahora? ¿Será verdad lo del hombre patata?