Molly Malone recordaba con agrado los tiempos del adulterio. Le gustaba que su amante llevara puestos los calzoncillos de su marido. Sobre todo cuando tenían planeado jugar al tenis por la tarde. Vestuarios.
- ¡Peter!
- ¿Qué me miras?
- ¡Tienes unos calzoncillos igualitos que los míos!
- Je, je
Todo tuvo que pasar porque al estúpido de su marido no se le ocurre otra cosa que volver a buscar nosequé cuando se suponía que tenía que estar en la playa cogiendo olas. Siempre ha sido un idiota de marca mayor. Mira que cuando se puso a revolver con la pistola… ¡Qué ridículo!
- Perdona, Molly… ¿Os encontró de verdad en la cama?
- No tenía que haber entrado
- Vale, te entiendo, pero…
- Y no andaría yo coja
¿Parece una historia como otra cualquiera, verdad? El marido engañado, la mujer, el amante... Los amantes, en pelotas. El marido, revolviendo con la pistola. ¿Qué pasó exactamente? La pregunta exacta sería: ¿cuál fue el origen del accidente de Molly? ¿Quién es culpable?
- Culpables somos todos
- Pues en la cárcel no estarían todos de acuerdo contigo
- Si, eso, recuérdame lo de la cárcel, cabrón
- Es como un ataúd en vida
¿Empujón, golpe, tropiezo, astilla de disparo? Es una escena tan complicada que casi ningún narrador se ha atrevido a narrarla. Perdonen un momento, llaman por el interfono.
- ¿Dígame?
- Soy casi ningún narrador
- ¿Ah, es usted?
- Sí. Y me dispongo a narrarlo
En cuanto vio a su marido, pistola en mano floja, aplastó sus rizos característicos contra la colcha, y se deslizó a escondidas poquito a poco hacia el borde de la cama. Con la confusión, la tensión de los gritos y la premonición de la pólvora, consiguió desaparecer al otro lado.
- ¡Pan!
- …
- …
- …
Levantó el culo y corrió hacia la puerta. Tuvo que esquivar a Peter, que se resistía a morir. Tropezó con la chapa de lasca que los obreros habían olvidado en la primera contrahuella.
- ¡Claro, como siempre!
- ¿Qué pasa?
- ¡La culpa a los obreros!
- La verdad es revolucionaria, dijo Lenin
Se dio un golpe monumental porque los obreros en cuestión también habían dejado a medias el rechapado de las manijas del asidero curvo. Tuvo que ser hospitalizada inmediatamente.
- ¿Y dónde está el drama?
- En que quedó coja
- ¿Para tanto es?
- Para ella sí. No la conoces…
No se atrevió nunca a visitar la tumba de Peter por horror natural a que la viera imperfecta… ¡Tan imperfecta! Decidió retrasar el momento de morir lo máximo posible. Creó una fundación para impedir la muerte. Ganó el dinero muy fácilmente pues estaba tan dotada para los negocios como para el sexo. Todo lo hacía por teléfono, claro, no hubiera podido sobrevivir en películas antiguas de esas en las que buscan un teléfono público desesperadamente. Chica maja. ¿Qué no quiere venir? ¡Que no venga!
- Eso es todo lo que sé
- ¿Ha acabado ya, señor casi ningún narrador?
- Sí
- Pues hasta nunca
- Permítanme un momento antes de acabar…
- Usted dirá, pero rápido, tenemos prisa por reunirnos otro rato…
- Me gustaría preguntarles algo
- Si va a ser la pregunta típica que se hace a los muertos…
- Me temo que sí
- Pues no nos apetece contestar, ya lo siento
- Lo suponía
- Adiós, entonces
- Gracias por todo
- De nada
¡Convocatoria en segunda instancia en las verjas del ciprés!
- ¡Peter!
- ¿Qué me miras?
- ¡Tienes unos calzoncillos igualitos que los míos!
- Je, je
Todo tuvo que pasar porque al estúpido de su marido no se le ocurre otra cosa que volver a buscar nosequé cuando se suponía que tenía que estar en la playa cogiendo olas. Siempre ha sido un idiota de marca mayor. Mira que cuando se puso a revolver con la pistola… ¡Qué ridículo!
- Perdona, Molly… ¿Os encontró de verdad en la cama?
- No tenía que haber entrado
- Vale, te entiendo, pero…
- Y no andaría yo coja
¿Parece una historia como otra cualquiera, verdad? El marido engañado, la mujer, el amante... Los amantes, en pelotas. El marido, revolviendo con la pistola. ¿Qué pasó exactamente? La pregunta exacta sería: ¿cuál fue el origen del accidente de Molly? ¿Quién es culpable?
- Culpables somos todos
- Pues en la cárcel no estarían todos de acuerdo contigo
- Si, eso, recuérdame lo de la cárcel, cabrón
- Es como un ataúd en vida
¿Empujón, golpe, tropiezo, astilla de disparo? Es una escena tan complicada que casi ningún narrador se ha atrevido a narrarla. Perdonen un momento, llaman por el interfono.
- ¿Dígame?
- Soy casi ningún narrador
- ¿Ah, es usted?
- Sí. Y me dispongo a narrarlo
En cuanto vio a su marido, pistola en mano floja, aplastó sus rizos característicos contra la colcha, y se deslizó a escondidas poquito a poco hacia el borde de la cama. Con la confusión, la tensión de los gritos y la premonición de la pólvora, consiguió desaparecer al otro lado.
- ¡Pan!
- …
- …
- …
Levantó el culo y corrió hacia la puerta. Tuvo que esquivar a Peter, que se resistía a morir. Tropezó con la chapa de lasca que los obreros habían olvidado en la primera contrahuella.
- ¡Claro, como siempre!
- ¿Qué pasa?
- ¡La culpa a los obreros!
- La verdad es revolucionaria, dijo Lenin
Se dio un golpe monumental porque los obreros en cuestión también habían dejado a medias el rechapado de las manijas del asidero curvo. Tuvo que ser hospitalizada inmediatamente.
- ¿Y dónde está el drama?
- En que quedó coja
- ¿Para tanto es?
- Para ella sí. No la conoces…
No se atrevió nunca a visitar la tumba de Peter por horror natural a que la viera imperfecta… ¡Tan imperfecta! Decidió retrasar el momento de morir lo máximo posible. Creó una fundación para impedir la muerte. Ganó el dinero muy fácilmente pues estaba tan dotada para los negocios como para el sexo. Todo lo hacía por teléfono, claro, no hubiera podido sobrevivir en películas antiguas de esas en las que buscan un teléfono público desesperadamente. Chica maja. ¿Qué no quiere venir? ¡Que no venga!
- Eso es todo lo que sé
- ¿Ha acabado ya, señor casi ningún narrador?
- Sí
- Pues hasta nunca
- Permítanme un momento antes de acabar…
- Usted dirá, pero rápido, tenemos prisa por reunirnos otro rato…
- Me gustaría preguntarles algo
- Si va a ser la pregunta típica que se hace a los muertos…
- Me temo que sí
- Pues no nos apetece contestar, ya lo siento
- Lo suponía
- Adiós, entonces
- Gracias por todo
- De nada
¡Convocatoria en segunda instancia en las verjas del ciprés!