En estos tiempos que corren no hay manera de contar una historia como Dios manda. Qué quieren que les diga. El cura de mi colegio, en las clases de religión, sacaba a las chicas a dar la lección y les hurgaba con la mano por debajo de la faldita. Todos lo veíamos. Supongo que nos parecía normal, alguna oscura prebenda propia de adultos.
Se llamaba don Pollino el muy cerdo. Le dieron varias veces el premio al mejor maestro del año. Le trataban de ilustre humanista. En clase de Historia Sagrada mi amigo Toles le hizo la típica pregunta.
- ¡Don Pollino!
- ¿Alguna pregunta más?
- ¡Don Pollino!
- ¿Qué quieres, niño?
- ¿Quiénes eran antes, los hombres primitivos o nuestros primeros padres?
- ¡Qué dices, niño!
- ¿Nuestros primeros padres eran hombres primitivos?
- ¡Qué tonterías dices!
- ¡Tenían que serlo!
- ¡Cállate ya!
- ¡Pero no me pega nada!
- Cállate. Hay que ser tonto para hacer esa pregunta
Las hermanas de don Pollino se llamaban Marta y Carmela, ambas profesoras del mismo centro. Marta, además, ejercía de directora, mientras que Carmela era la jefa de estudios, la que ponía los castigos. Recuerdo, supongo, que serían dos chavalas jóvenes (para mí en aquél entonces se trataba más bien de mujeres inalcanzables, propias de sublime cuadro renacentista) muy guapas, de una muy sensual presencia (andaría yo por los once años) que abrumaba cuando te castigaban a estudiar la lección y se sentaba una a tu lado y te clavaba sus divinas protuberancias. No sólo te rozaba, no, sino que se hundía una y otra vez en tu antebrazo virginal, entre explicaciones y risas. Ahora que lo rememoro supongo que la chica también se lo pasaría bien. Yo, desde luego, lograba sobrevivir a muy duras penas entre erecciones incontroladas y torpes balbuceos.
- Ya te lo sabes, ¿no?
- Geseg
- Venga, dame otra vez la lección
- Fgrdohij
- Venga, hombre, que sé que te la sabes
- Gsfaadkalegfd
- No te hagas el remolón
- Tsyoryp
- ¡Que te quedas otra hora más, eh!
- Qwypqy (chof)
Lo que no se acababa de entender era la relación de don Pollino con sus fantásticas hermanas. Vivían los tres juntos en la misma casa. Un señor de aspecto bonachón y legañoso, de tripa amplia, noble calva y risa de complacencia. Muy venerado el tal Don Pollino. Una niña acabó en el hospital, víctima de sus manejos. De aquello me enteré justo en su momento, porque me lo comentó mi amigo Toles, a quien fueron a buscar para que llamara urgentemente a su padre médico. Resulta que la perjudicada era hija de un poderoso chamán -como quien dice- de la zona, uno de esos financieros globalistas que lo saben todo y que, como todo lo saben, se llevan toda la pasta y se creen muy importantes. Se creen y lo son. Mueven el dedo y cae un obrero, como dice la canción. Don Pollino salió del colegio por la puerta trasera, sin homenaje ni nada; aquello fue un escándalo a media voz. Mis padres lo comentaban mucho.
- ¿Sabes lo de don Pollino?
- ¿Lo de las falditas?
- ¡No, lo otro!
- ¡Ah! ¿Es que hay más? ¿Las viola?
- ¿No sabes nada?
- ¿Las apuñala y las entierra?
- ¡Pues casi!
- ¡Qué me estás contando! ¡Hay que matar de una vez al puto cura!
- Cállate, que ya le van a echar del cole
- ¿Qué cojones echar? ¿A los leones?
- Le rompió algo a una chica, creo…
- ¡Qué me estás contando! ¡Hay que rajarle las tripas!
- Cállate, que lo van a retirar bastante vergonzosamente
- ¡Me como yo su vergüenza con patatas!
- Sus hermanas están también muy avergonzadas
- ¡Ja! Si llego a tener una hija, ese hombre hace mucho que no estaría vivo
- No exageres
- ¡Don Pollino, cabrón, hijoputa, muérete!
Por cierto que esta historia no merecería la pena contarse en los tiempos que corren, porque con leer los periódicos ya basta y sobra. En fin, que si lo traigo a colación, así como de pasada, es para comprobar el hecho doloroso de que los padres “sabían”. Porque los padres “sabían”, se lo aseguro.
- ¡Si llego a tener una hija en vez de a este gandul!
- ¿Qué me quiere usted decir?
- Don Pollino no estaría donde está
- ¿Está usted loco? ¿Qué piensa usted que sucede?
- ¡Lo sabe usted perfectamente!
- Son chiquilladas, habladurías…
- ¿Ha preguntado usted directamente a su hija?
- ¡Oiga, usted no es quién para…!
- ¡Me da usted lástima!
- ¡Lo que yo le voy a dar va a ser…!
Vale, vale, padre farsante, pusilánime y complaciente, cobarde chuloputas, ya te hemos pillado. Me gustaría que quedara constancia del hecho, por lo menos. Los padres “sabían”. Para que, en los tiempos que corren, no se lleven demasiado las manos a la cabeza.
De todos modos, hoy en día, ¿qué sentido tiene hacer literatura? Las mejores historias están en los diarios.
Se llamaba don Pollino el muy cerdo. Le dieron varias veces el premio al mejor maestro del año. Le trataban de ilustre humanista. En clase de Historia Sagrada mi amigo Toles le hizo la típica pregunta.
- ¡Don Pollino!
- ¿Alguna pregunta más?
- ¡Don Pollino!
- ¿Qué quieres, niño?
- ¿Quiénes eran antes, los hombres primitivos o nuestros primeros padres?
- ¡Qué dices, niño!
- ¿Nuestros primeros padres eran hombres primitivos?
- ¡Qué tonterías dices!
- ¡Tenían que serlo!
- ¡Cállate ya!
- ¡Pero no me pega nada!
- Cállate. Hay que ser tonto para hacer esa pregunta
Las hermanas de don Pollino se llamaban Marta y Carmela, ambas profesoras del mismo centro. Marta, además, ejercía de directora, mientras que Carmela era la jefa de estudios, la que ponía los castigos. Recuerdo, supongo, que serían dos chavalas jóvenes (para mí en aquél entonces se trataba más bien de mujeres inalcanzables, propias de sublime cuadro renacentista) muy guapas, de una muy sensual presencia (andaría yo por los once años) que abrumaba cuando te castigaban a estudiar la lección y se sentaba una a tu lado y te clavaba sus divinas protuberancias. No sólo te rozaba, no, sino que se hundía una y otra vez en tu antebrazo virginal, entre explicaciones y risas. Ahora que lo rememoro supongo que la chica también se lo pasaría bien. Yo, desde luego, lograba sobrevivir a muy duras penas entre erecciones incontroladas y torpes balbuceos.
- Ya te lo sabes, ¿no?
- Geseg
- Venga, dame otra vez la lección
- Fgrdohij
- Venga, hombre, que sé que te la sabes
- Gsfaadkalegfd
- No te hagas el remolón
- Tsyoryp
- ¡Que te quedas otra hora más, eh!
- Qwypqy (chof)
Lo que no se acababa de entender era la relación de don Pollino con sus fantásticas hermanas. Vivían los tres juntos en la misma casa. Un señor de aspecto bonachón y legañoso, de tripa amplia, noble calva y risa de complacencia. Muy venerado el tal Don Pollino. Una niña acabó en el hospital, víctima de sus manejos. De aquello me enteré justo en su momento, porque me lo comentó mi amigo Toles, a quien fueron a buscar para que llamara urgentemente a su padre médico. Resulta que la perjudicada era hija de un poderoso chamán -como quien dice- de la zona, uno de esos financieros globalistas que lo saben todo y que, como todo lo saben, se llevan toda la pasta y se creen muy importantes. Se creen y lo son. Mueven el dedo y cae un obrero, como dice la canción. Don Pollino salió del colegio por la puerta trasera, sin homenaje ni nada; aquello fue un escándalo a media voz. Mis padres lo comentaban mucho.
- ¿Sabes lo de don Pollino?
- ¿Lo de las falditas?
- ¡No, lo otro!
- ¡Ah! ¿Es que hay más? ¿Las viola?
- ¿No sabes nada?
- ¿Las apuñala y las entierra?
- ¡Pues casi!
- ¡Qué me estás contando! ¡Hay que matar de una vez al puto cura!
- Cállate, que ya le van a echar del cole
- ¿Qué cojones echar? ¿A los leones?
- Le rompió algo a una chica, creo…
- ¡Qué me estás contando! ¡Hay que rajarle las tripas!
- Cállate, que lo van a retirar bastante vergonzosamente
- ¡Me como yo su vergüenza con patatas!
- Sus hermanas están también muy avergonzadas
- ¡Ja! Si llego a tener una hija, ese hombre hace mucho que no estaría vivo
- No exageres
- ¡Don Pollino, cabrón, hijoputa, muérete!
Por cierto que esta historia no merecería la pena contarse en los tiempos que corren, porque con leer los periódicos ya basta y sobra. En fin, que si lo traigo a colación, así como de pasada, es para comprobar el hecho doloroso de que los padres “sabían”. Porque los padres “sabían”, se lo aseguro.
- ¡Si llego a tener una hija en vez de a este gandul!
- ¿Qué me quiere usted decir?
- Don Pollino no estaría donde está
- ¿Está usted loco? ¿Qué piensa usted que sucede?
- ¡Lo sabe usted perfectamente!
- Son chiquilladas, habladurías…
- ¿Ha preguntado usted directamente a su hija?
- ¡Oiga, usted no es quién para…!
- ¡Me da usted lástima!
- ¡Lo que yo le voy a dar va a ser…!
Vale, vale, padre farsante, pusilánime y complaciente, cobarde chuloputas, ya te hemos pillado. Me gustaría que quedara constancia del hecho, por lo menos. Los padres “sabían”. Para que, en los tiempos que corren, no se lleven demasiado las manos a la cabeza.
De todos modos, hoy en día, ¿qué sentido tiene hacer literatura? Las mejores historias están en los diarios.