La carrera de Godino

Como un rayo entra en mi cabeza una canción cubana. Como un rayo sale de mi cabeza una canción cubana. Menos mal. Me recuesto en la mesa. Apoyo mi frágil cabeza en los brazos. Recuerdo. Me faltan dos asignaturas para acabar la carrera. Maldición. Tengo que volver al campus.

Un camino albardado de cemento en rama lleva hacia el aula magna. Muchas personas se afanan, la mayoría mujeres, chicas, neskas, chavalas. Gente con libros en las manos, segura de sí misma, amigos a carcajadas. Aprobaremos. Yo no. Yo no he estudiado nada. ¿Qué temas entran? ¿Qué asignaturas exactamente? No puedo con esto. Entraré, pero ya es imposible.

- ¿Cómo lo llevas, Godino?
- ¿A qué huele?
- ¿A qué huele?
- Huele a falsa seguridad, ¿no te parece?
- ¿Cómo lo llevas?
- No he estudiado nada
- ¿Nada?
- Nada
- No importa, preséntate
- Soy incapaz

Todo está perdido. Era mi última oportunidad. Soy demasiado mayor. Toda esta chavalería… ¿Por qué no he estudiado nada? ¿Qué he estado haciendo? Una rubia pelirroja se me arrima. ¿Qué haces tú aquí? Me conoce. Esto ya no es para ti, Godino. Se aleja. Ni siquiera las asíntotas se te aproximan. Vete, Godino, vete. Vete a rumiar tu desgracia.

Por fin lloro, por fin camino, por fin me alejo, por fin encuentro una mujer con moño y gracia. Otra mujer más. Le cuento. No parece preocupada. Asiente.

- ¿Te matriculaste en matemáticas sociales?
- No recuerdo
- Seguro que sí
- Bueno, si tú lo dices…
- ¿Resolviste el problema de las berenjenas?
- ¿Berenjenas?
- Era crucial
- No creo…
- Pobre Godino

¡Quiero chillar! Quiero escapar de esta historia de pesadilla. Me duele toda la parte no física. Es imposible decidir nada con el corazón tan encogido. ¿En qué he fallado? ¿En todo? Me encojo más todavía. ¿Sirve para algo la música? No. Entra en mi cabeza una canción cubana. Aparece un perro y lo mato. Sale de mi cabeza una canción cubana. Menos mal.

Vuelvo a casa. Me siento reconfortado. ¿Por qué? Pienso en el porqué, en los porqués. Recuerdo. Porque he comprado un colutorio nuevo, flamante, muy caro, internacional. ¡Qué alivio! Llamo a mi hermana.

- ¿Qué tal?
- Bien, ¿y tú?
- Bien y tal…
- Vale
- Vale
- ¿Cuándo vienes?
- No lo sé
- Pues hasta luego
- Venga pues

¡Qué alivio! Esto ya es otra cosa. Cojo el frasco y pego un trago. Me enjuago toda la dentadura. Escupo la pasta flora salivosa de nuevo en el frasco. ¡Qué asco! Hay que aprovecharlo todo.