Coño

Se parecía a Mia Farrow. Quizás era un poco más delgada.

Me conocía de otros encuentros.

En la habitación había un gato, pero no se le veía. Había poca luz.

Ella estaba casi desnuda. Yo no sé cómo estaba.

Se respiraba sexo.

Yo no estaba muy excitado. Me concentraba. Recordaba otros encuentros, otras luchas, otros placeres prohibidísimos. Intentaba recordar, pero no lo conseguía.

Se me acercaba.

¿Cómo hay que hacer? ¡Necesito excitación! Oh, sí, ya llega, ya llega un poquito, oh, sí. Me está tocando. Ya recordaba yo que era muy cerda. Practicaba muchas posturas. Era ruidosa, muy ruidosa. Y blanca, muy blanca.

Me lanzo a su cuello. Me abraza. La dejo hacer. Le dejo hacer. Me deja hacer. La coloco. Atención a la postura. Ella está a cuatro patas. Yo también. Me introduzco por debajo de su hombro izquierdo. No sé muy bien lo que quiero hacer.

Morderle las tetas.

No creo. No tiene casi tetas. De hecho… no se ve muy bien, pero no tiene casi tetas. Acabamos de darnos un muerdo tremendo, creí que me succionaba el cerebro. Vaya elemento. Me da un poco de miedo. Encima está sucia. Además no sé por qué no se ha quitado aún las bragas. Pero… ¿Qué tiene ahí? ¡No son bragas! ¡Qué horror!

¡Le cuelga una medusa de entre las tripas abiertas!

¡Yo no recordaba esto así!

Me da mucho miedo. Se le han abierto las carnes y han caído cosas horribles, como extensiones de sus tripas… y cables… y lenguas.

¿Tengo yo que chupar eso? ¿Lo he hecho otras veces? ¡Qué horror!

¡Estoy haciendo el amor con un monstruo! Esto no puede ser normal.

¿Estaré soñando? Ojalá. Había un truco para averiguarlo…

Pellizcarse. No hay problema, me pellizco bien fuerte. ¡Ay! Mala solución, porque el monstruo, observando lo que hago y creyendo darme gusto, se lanza a pellizcarme salvajemente.

Hace un daño horrible.

No lo puedo soportar. O despierto (cosa imposible), o me muero.