- Dos
- ¿Sólo dos?
- Claro
- Pensaba que había más…
- No, hombre. Uno para ti y otro para mí
- Pero… ¿de qué estás hablando?
- De nuestros coches, claro
- ¡Pero qué me estás contando!
- ¿Quieres tener más coches? Pues no sé para qué. Aunque también es cierto que los vecinos se están poniendo muy chulos con su 4x4
- Ya lo sé, ya lo sé, Manoli, que me lo has dicho mil veces, pero de momento no podemos comprarnos un cacharro de esos
- Pues es una pena porque dicen que son mucho más seguros y que…
- Déjalo, Manoli, déjalo, cuando te digo que no podemos es que no podemos. Ya veremos más adelante. Además no te estaba hablando de eso
- ¿Ah, no? ¿Y de qué me estabas hablando?
- De los niños
- ¿Los niños? ¿Qué pasa con los niños?
- Que te he preguntado que cuántos tenemos
- ¡Vaya pregunta! ¿No sabes cuántos hijos tienes?
- Sí mujer, sí, pero era por empezar la conversación…
- No sé, si es hay veces en que no sé ni dónde vives
- Déjate de tonterías y responde, que ya verás a dónde voy
- Bueno. Pues… señor marido… entre usted y yo tenemos tres churumbeles, a saber, la Patricia, el Julen y la Vane.
- Tres entonces, ¿no?
- Eso parece. ¿Estás tonto o qué?
- Es que a veces me parecen treinta y dos
- A mí también, majo, ¿qué te crees? Que me paso todo el día con ellos. Claro, tú te largas por la mañana y yo aquí me quedo a apechugar con los salvajes. No veas las ganas que tengo de que se acaben las vacaciones.
- Son unos fieras, ¿eh?
- No lo sabes tú bien
- ¿Y dónde están ahora las fieras?
- En la cama, ¿dónde van a estar? A veces haces cada pregunta…
- No, si lo digo por asegurarme de que no nos oigan
- Están dormidos, tranquilo. ¿Pero a ti qué te pasa? ¿Otra vez quieres juerga?
- No, no, que no es eso, escucha…
- Pues menos mal. No veas el miedo que tengo a quedarme embarazada. Porque lo que es tú, donde pones el ojo pones la bala.
- A eso voy, a eso voy. Escucha Manoli…
- ¿Qué, vas a volver a decirme lo de los condones?
- Que no
- Porque te repito que yo no siento nada con esas porquerías que saben a chocolate. Y además me dan un asco horrible
- Que ya lo sé, que ya lo sé
- Por si acaso. Ni se te ocurra. Antes prefiero meterme el mango de la escoba
- ¡Pero qué burra eres!
- Sí, sobre todo yo. ¿Te recuerdo las cosas raras que me has propuesto a lo largo de nuestro matrimonio?
- Déjalo, Manoli, que ahora no viene a cuento
- Por si acaso. ¡Qué estarás tramando! ¡Miedo te tengo!
- Escucha, he pensado que tendríamos que hacer algo para no tener más hijos
- ¡Acabáramos! Quieres volver a lo del condón
- ¡Que no! Hay otros métodos…
- Sí, ajo y agua
- Que no, mujer, que se pueden hacer otras cosas…
- ¿Ya empezamos con las marranadas?
- Que te digo que no, no seas bruta. Hay operaciones…
- ¡Acabáramos! Quieres que me vacíen los dentros? Pues vas dado. ¿Por qué no te haces un nudo tú? ¿A que no te haría gracia?
- A eso voy, a eso voy
- ¿Te vas a cortar la…? ¡Ah, no, ya sé, ya sé! Quieres hacerte un… Eso de las trompas pero en hombres…
- Una vasectomía
- Eso, una ligadura de vase…
- Vasectomía
- ¿Quieres hacerte eso?
- Te lo estaba planteando
- ¿Para no tener más hijos?
- Exactamente
- Jolín. ¿Y eso cómo es?
- Pues creo que te cortan los conductos seminales…
- ¡Ala!
- Dicen que es una operación muy sencilla, con anestesia local. Te duermen la zona esa, te abren los huevos y te cortan el tubito por donde va el semen
- ¡Ala!
- Pero que es muy sencillo, no se nota nada. Son unos canalitos finos, como unos espaguetis…
- Oye, para, para. Pregunta: ¿te vas a poder correr?
- Pues claro que sí
- Ah, menos mal, porque si no, no hay quien te aguante
- Mujer…
- Que me lo sé de memoria. Otra pregunta, ¿y no vas a soltar nada?
- ¿Nada de qué?
- Pues líquido, chufa de esa asquerosa que sueltas y me pones toda perdida.
- Chufa no, lefa
- Qué asco
- Pues no lo sé seguro, pero creo que sí. Lo que pasa es que el semen ése no va a tener espermatozoides, que son los que dejan preñada.
- Vaya, no suena mal. ¿Y los espermas esos a dónde van?
- Creo que se te quedan ahí dentro, no van a ningún lado
- ¿Seguro?
- Sí, sí, seguro. Dicen que se reabsorben
- ¿Y eso no será malo?
- No, no, dicen que no pasa nada. Muchísima gente lo hace
- Bueno, tú sabrás. ¿No hay efectos?
- ¿Efectos secundarios quieres decir?
- Eso, que te vuelvas tonto, o que se te seque un brazo, o que no te puedas empalmar…
- ¡Qué tonterías dices, Manoli! ¡Cómo se me va a secar un brazo!
- Pues bien que le pasó al cuñado de…
- Que ya me sé, que ya me sé lo del Chonti… Pero esto no tiene nada que ver
- Por si acaso, que no quiero yo un marido manco. Bastante manco eres ya… ¡Ja, ja, ja!
- Graciosilla
- ¿Y lo de empalmarse?
- Dicen que no tiene nada que ver, que sigues igual
- Dicen, dicen… ¿Tú te crees todo lo que dicen?
- Son médicos, mujer
- No sé, a veces me parecen locos como esos del Frankestein
- Te digo que es una operación muy sencilla y que está supercomprobada en miles de personas de todo el mundo
- Ay, ay, que te lo tragas todo, que estás hecho tú un palomo… ¡Ja, ja, ja! ¿Seguro que no te quedarás así… flojito… para abajo?
- Que no, no seas pesadita
- Porque si te quedas quiero que me des permiso para irme de vez en cuando con uno de esos negrotes del barrio
- ¡Oye, vete a la mierda, Manoli, no tiene gracia!
- Lo que no tiene gracia es que me quede un marido palomo
- ¡Ya está bien, que te digo que no hay efectos secundarios!
- Bueno, no te enfades
- Es que…
- ¿Cómo has dicho que se llama? ¿Circuncisión?
- ¡Qué tonterías dices, Manoli!
- ¿Ablación? ¿Esterilización? ¿Cesárea?
- ¡De qué vas!
- Para que sepas que yo también me sé palabras raras, que a veces me tratas como si yo fuera la tonta. ¿Y cuándo vas a hacerte eso?
- Primero quería hablar contigo, para quedar de acuerdo
- Vale. Entonces dejemos las cosas claras. Nuestra relación sexual, que se dice, no va a sufrir ningún cambio, ¿no?
- A mejor
- ¿Cómo que a mejor?
- Claro, porque ya no tendremos miedo de que te quedes preñada
- Es verdad. O sea que todo el día tiquitaca
- Todo lo que nos apetezca
- No está mal pensado. O sea que si yo me quedara preñada, seguro que sería de otro hombre…
- Claro. ¿Pero en qué estás pensando, Manoli?
- En nada, nada. Que los hombres siempre lo mismo, atadas y bien atadas.
- ¡Por favor! Oye, me está entrando una horrible sospecha… ¿Alguno de nuestros hijos no es mío?
- ¡Qué!
- Como estás tan preocupada con lo del negro…
- ¡Tú estás tonto! ¡Ni de broma! ¡No te quiero oír decir eso nunca en la vida! Tus hijos son tuyos y míos y de nadie más. Parece mentira que te tenga que decir esto. ¿Es que no me conoces o qué?
- Pues a veces me parece que no, porque sueltas cada una…
- Pues mira que tú. ¡Vaya ocurrencia acabas de tener con lo de los espaguetis!
- Conductos seminales
- Espaguetis
- Como tú quieras
- Que conste que me parece bien
- Me alegro
- Pero una cosita… ¿Nunca más podrás tener hijos?
- Parece ser que no
- ¿Entonces te puedes dedicar a darle por ahí, ale, ale, sin consecuencias, sin miedo de que nadie se entere?
- Mujer, Manoli, estás venga de pensar cosas horribles… Y luego me dices a mí
- Vale, vale. O sea que la cosa queda así
- Así, ¿cómo?
- En que tú puedes irte de juerga siempre que quieras y en que yo estoy pilladísima
- ¡Manoli! ¿Qué pasa, que tienes unas ganas horribles de ponerme cuernos?
- ¿Yo? Para nada. Sólo digo lo que hay
- O sea que estás todo el rato pensando en ponerme cuernos
- Que no, hombre, que no. Que es broma
- Pues vaya bromita
- ¿Tú me has puesto cuernos alguna vez?
- ¿Y tú?
- He preguntado yo primero
- Ya sabes que, al principio, aquel día…
- La puta de la Loli, no me lo recuerdes
- Me has preguntado tú
- ¿Y qué más?
- ¿Cómo que qué más?
- ¿Y con cuántas más?
- Con ninguna más, Manoli, te lo juro y te lo he jurado veinte mil veces. ¿Tú te crees que a ti se te puede engañar?
- No será por falta de ganas
- Manoli, que contigo ya tengo más que suficiente…
- Más te vale
- Que yo te quiero mucho, Manoli, y que estás más buena que el pan. Ya sabes cómo me pones…
- A ti te pone hasta la cabra de la legión
- Mujer, que estoy intentando decirte cosas bonitas
- Bueno, bueno, vale, te creo… Es que eres tan hombrón…
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Ya lo sabes tú, macizote. Que también sé decir cosas bonitas
- Ay, Manoli, qué engañadora eres
- Tontito…
- Entonces, ¿estamos de acuerdo?
- ¿En qué? ¿En lo de la pichotomía ésa?
- Vasectomía, sí
- Si es como tú dices y todo va a seguir igual, pero sin problemas…
- Mujer, lo único es que no podremos tener más hijos
- Ni falta que hace
- Vale, eso te quería oír. Entonces estamos de acuerdo
- Yo creo que sí. En realidad sería estupendo
- ¿Verdad?
- Ya lo creo que sí. De hecho me parece que me estoy poniendo un poco… ya sabes… mimosilla…
- Mujer, que todavía no me lo he hecho
- Ay, ay, pues date prisa, que me entran los ardores
- Para, para. Oye, hay otra cosita…
- ¿Otra cosita? Con esta ya me vale
- Suelta, suelta
- Ay, chico, qué arisco
- Suelta, que te tengo que comentar otra cosa
- Jolín, pues ya tienes el día hablón…
- ¿Me escuchas?
- Dime…
- Pero para
- Vale, ya paro. Dime
- Que el otro día escuché por la tele una cosa acerca de este asunto que me tiene un poco preocupado
- ¿Oíste algo de la pichotomía? A ti la tele te vuelve loco. Ya te tengo dicho que te lo crees todo. ¿No habrás sacado toda esta historia de la tele?
- Que no, que me fui a informar al ambulatorio
- ¿Seguro?
- Seguro. Por aquí tengo los papeles
- Papeles
- Sí, papeles. Pero escucha. Que dijeron en la tele…
- ¿Dónde?
- En la tele, en el programa Camera Café
- ¿Ese que sólo dicen tonterías?
- Sí
- Pues vaya sitio para informarse
- Escucha, que hay veces que dicen cosas serias, así, como si nada
- Vale, te creo, es verdad que hay cosas que no entiendo. Hablan demasiado deprisa. Sigue. Te sigo.
- Pues dijeron que… A ver cómo te lo explico… Cuando a uno le hacen la vasectomía resulta que lo que suelta se queda dentro de uno… ¿Eso me lo has entendido?
- Sí. Como que se deshace la linfa esa
- Eso. Y que lo que suele pasar, como efecto secundario psicológico, es que tú también te quedas como más ensimismado.
- ¿Has dicho “efecto secundario psicológico?”
- Sí
- ¿Has dicho “ensimismado”?
- Sí
- No sabes lo que me pone oírte hablar así…
- Quieta, Manoli, quieta. ¿Lo has entendido?
- Sí, como que te vas a meter más en ti mismo. Vamos, que te vas a volver más zombi
- Más o menos
- Es imposible que te vuelvas más zombi
- Ala, qué maja
- No, es verdad. Si hasta lo dicen tus hijas. El otro día se lo oí decir a unas amigas: “mi aita siempre va a lo suyo”
- ¿De verdad?
- De verdad. Lo sabe todo el mundo que vives en tu mundo
- Vaya
- Es imposible que vivas más en tu mundo
- Vaya
- Pero a mí me gustas así
- ¿Entonces estamos de acuerdo?
- Totalmente. Ven aquí, zombi
